y nueve años no podía desobedecer aquel mandato, apacentó los ganados por espacio de tres años.
Un día en que el pastor real descansaba á la sombra de unas rocas, se le presentó un fantasma de larga y suelta vestidura, con barbas en la cara de más de un palmo, que traía atado por el pescuezo un animal no conocido.
El fantasma habló al príncipe de esta manera:
«Sobrino, yo soy hijo del Sol y hermano del Inca Manco Capac y de la Colla Mama Oello Huacac, su mujer y hermana, por lo cual soy hermano de tu padre y de todos vosotros; me llamo Viracocha Inca, vengo de parte del Sol nuestro padre á darte aviso para que se lo des á mi hermano, que la mayor parte de las provincias de Chinchasuyu y muchas otras no sujetas á su Imperio, están reveladas y juntan miles de hombres para venir con poderoso ejército á derribarle de su trono.»
Con este mensaje se presentó el príncipe en la corte y su padre lo trató mal y desoyó, ordenándole fuera de nuevo á su destierro. Pero no tardaron los acontecimientos en comprobar el vaticinio, y grandes legiones marcharon sobre el Cozco viniendo del Norte, lo que alarmó tanto á Yaguar Huacac, que afectado no atinó á convocar su ejército y huyó hacia el Sur seguido de la familia real.
Visto esto por el príncipe, á quien todos llamaban Viracocha desde la aparición de la fantasma, dirigióse prontamente al encuentro del monarca que huía, y habiéndolo alcanzado en la Angostura de Mayna, lo interrogó en esta forma:
¡Inca!... ¿Cómo es posible que por una nueva falsa ó verdadera de unos cuantos vasallos suble-