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Página:Leyendas de los indios quichuas (IA leyendasdelosindoliv).pdf/33

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los quichuas y su imperio

vados, desampares tu corte y vuelvas las espaldas á enemigos aún no vistos?

¿Cómo se sufre que dejes la casa del Sol, tu padre, para que tus enemigos la huellen con sus piés calzados?

¿Qué cuenta daremos de las vírgenes que están destinadas á esposas del Sol?

¿Qué honra habremos ganado permitiendo estas maldades por salvar la vida?... Yo, no la quiero y así vuelvo á ponerme frente al enemigo para que me la quiten antes que entren al Cozco, porque no quiero ver las abominaciones y sacrilegios que los bárbaros harán en la ciudad sagrada é imperial que fundaron los hijos del Sol!...

—Sígame el que quiera cambiar vida vergonzosa por honrada muerte!

Y diciendo esto volvióse el príncipe á la ciudad seguido de muchos Incas de la sangre real y jente de su familia y de la corte que componía un grupo de más de 10.000 hombres, los que fueron aumentando en el camino cuando vieron la actitud de Viracocha, que no tardó en avanzar por el camino del norte á encontrar á los enemigos que en presencia del ejército improvisado y despues de un reñido combate fueron vencidos y obligados á retirarse.

Viracocha, despues de aquella victoria que se atribuyó por todos á protección divina, siguió gobernando el reino en vida de su padre á quien construyó un gran palacio para que viviese en su retiro acompañado de antiguos vasallos.

El jóven monarca ocupóse de innovar algunas leyes, de mejorar y construir grandes acequias