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Página:Leyendas de los indios quichuas (IA leyendasdelosindoliv).pdf/44

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leyendas de los indios quichuas

á los indios que antes vivían dispersos por sobre la inmensa tierra.

Los Incas propagaron en sus conquistas, con afecto y constancia, la igualdad y el cariño entre los hombres. Su sabiduría divina cambió los campos estériles y las rocas desoladas en valles productivos; torció el curso de los ríos y puso á servicio del hombre el agua de los torrentes, que antes se despeñaba en masas congeladas é inmensas sobre las chozas sin amparo.

El robo, la mentira, la pereza y la cobardía, ya no tenían asilo en la morada del indio, y ahí están los colosos de Tiahuanacu, del Cosco, Yocalla, Copacabana y los caminos de la costa y los llanos que lo atestiguan con la elocuencia muda de las ruinas ciclópeas, de una pasada y sorprendente civilización.

El Colla vá taciturno y silencioso, agobiado por el peso del infortunio, que llora desde hace cuatro siglos, y si detiene á veces su paso vacilante frente al suntuoso palacio del señor moderno, la muda contemplación no le sugiere en su alma dolorida más que el triste recuerdo de que ya no volverán para él y su raza aquellos felices tiempos de bonanza y de paz, que fueron violentamente interrumpidos por la avalancha de los señores blancos, que en su codicia y ambición, sin valla, derruían y derrumbaban sin control ni conciencia hasta los templos y altares de los dioses protectores, por adueñarse sacrílegamente el metal de las divinas ofrendas, que se envilecía al caer entre sus manos.

El indio yungueño habla en aimará, que es lengua tributaria del Quichua, y lleva en su espíritu el