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Página:Leyendas de los indios quichuas (IA leyendasdelosindoliv).pdf/52

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leyendas de los indios quichuas

rrente en la más angustiosa desesperación, sin saber qué resolución tomar. De pronto alzando al cielo los puños para prorrumpir en formidable imprecación, invocó al espíritu del mal, llamó al que rige las borrascas, habló á Supáy, el que ronca en las cavernas!

Supáy, no estaba léjos y prónto acudió á presencia del mancebo, tendiéndole los brazos por entre los pliegues rojizos de su manto de fuego.

Hualpa le expuso su ansiedad y le dijo que, pues era el poderoso que tenía en aquel instante en revolución al cielo y á la tierra, le pedía lo pasase á la otra orilla del torrente, porque tenía que presentarse en casa de su amada.

¡Infeliz! dijo Supáy, si yo te tocara con mis manos de fuego habría llegado el último momento de tu vida!... Pero á cambio de tu espíritu voy á construirte un puente antes que amanezca el día con las rocas de estas montañas, para que llegues por tus piés á donde está tu amada y venzas á tu rival que se prepara para poseerla mañana mismo.

Después de convenir en el trato, Hualpa se sentó á esperar en una roca vecina, y el espíritu de las cavernas en medio de pavorosos ruidos, dió principio á la obra, trayendo y colocando las grandes piedras una sobre otra, de la manera que actualmente se encuentran.

Cuando venía clareando el día, anunciando con orlas de luz la aparición del Dios Sol que todo lo anima y vivifica, Supáy tenía casi concluido el puente, pero le faltaba una piedra grandísima que debía ajustar en la parte alta las aberturas de las rocas.