Hualpa impaciente por llegar á Yocalla no esperó ver la completa terminación de la obra y pasó de un salto, sin detener su marcha, hasta donde su amada lo esperaba. Supáy no pudo detenerlo por que como es espíritu de las sombras, tuvo que huir del Sol, en dirección opuesta y ocultarse en las cavernas. Ya el padre de la luz, salía mostrando su disco explendoroso, por entre las cumbres de las montañas.
Hualpa, llegó á tiempo y llegó rico, que la confianza en el propio esfuerzo, suele hacer en esta vida maravillas.
Una vez entre los suyos pudo vanagloriarse de haber hecho construir un puente á Supáy en medio de la noche.
El Curaca le entregó á la hermosa Chasca-ñaui, cuyo enlace se festejó con un gran baile y un paseo hasta el hermoso puente, de que todos han seguido sirviéndose para pasar el río y nadie se ha atrevido hasta la fecha á colocar en el gran arco, la piedra que le falta, pues sería completar la obra de Supáy y hacerlo acreedor á el alma de Hualpa, correspondiendo mal, al venturoso enamorado que hizo en vida el beneficio de hacer construir un puente tan necesario.
Dicen algunos, que cuando Hualpa murió, Supáy quiso apoderarse de su espíritu y llevarlo consigo á las cavernas, pero como la obra del puente no había sido concluida por éste, un Dios justiciero protegió al indio contra el espíritu del mal, y Supáy tuvo que resignarse á perderlo, quedando el alma de Hualpa entre los espíritus buenos é invisibles que vagan en torno nuestro haciendo beneficios.