
uchos pueblos de la antigüedad y algunos de la época presente se atribuyen origen de una raza de jigantes, aunque esto no lo comprueba la ciencia y solo lo consigna la fábula ó la tradición, que abulta las cosas mucho más que la historia misma, por la sencilla razón de que los que mienten en la historia son un número limitado de personas, mientras que en la tradición el que narra lo que ha oído se cree siempre obligado á agregar algo de su cosecha, ya sea por impresionar mejor ó simplemente por redondear el cuento ó finalizarlo produciendo el efecto agradable que se desea, etc. (Sirva esto de disculpa al autor en algún caso, y vamos á la leyenda).
Cuando llegaron los españoles, que conquistaron el Perú, tenían los indios una cantidad de tradiciones que decían ser verídicas por haberlas oído á sus antepasados; una de las más curiosas era la que consigna el historiador D. Pedro de Cieça, que dice haber estado en la misma punta de Sta. Elena, términos de Puerto Viejo, donde aparecieron los jigantes.
En tiempos muy remotos vinieron de la mar en unos barcos de junco, construídos á manera de