«Esto dicen de los jigantes lo cual creemos que pasó» escribe candorosamente Don Pedro de Cieça, «porqué he oído á españoles que en esta parte se han encontrado y se hallan pedazos de muela que juzgan, á estar entera, pesara más de media libra carnicera y también porqué se ha visto otro pedazo de hueso de una canilla, tomado en donde estuvieron los pozos y cisternas y también porqué he oído ántes de ahora que en un antiguo sepulcro de la ciudad de México, ó en otra parte de aquel reino se encontraron ciertos huesos de jigantes y aún podrían ser todos unos.»
En ese paraje vése una cosa verdaderamente interesante; hay actualmente unos ojos ó manantiales de alquitrán caliente, que podrían abastecer para calafatear todos los buques del globo.
En cuanto á los jigantes diremos nuestra opinión.
Creemos que en realidad habrá llegado á aquella costa en época remota algún buque, después de una tempestad, y que habrán hecho provisiones en aquel paraje siguiendo después su derrotero, pero que sus tripulantes no eran hombres excepcionales sinó simples marineros.
Los huesos de jigante deben ser esqueletos de fósiles que habrán allí, como hay en toda nuestra América.
A propósito del esqueleto de grandes animales, no han sido solo los indios del Perú los que los han atribuído á jigantes, ya en el año de 1613 y según se consigna en la obra «El mundo ántes de la creación del hombre» escrita por Mr. Figuier y M. Zimmermann; unos trabajadores escavando cer-