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Página:Leyendas de los indios quichuas (IA leyendasdelosindoliv).pdf/74

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leyendas de los indios quichuas

unirán á la música de la Quena y una triste Vidalita resonará tal vez vagamente perdiéndose en las montañas con inflexión análoga á la del canto de una de esas aves agrestes que herida por traidora flecha vé apresar en el bosque á su amorosa compañera.

Yo crié una paloma
al lado de mí,
mi único consuelo
desde que nací.



Urpilita [1] blanca
que aprendió á volar
remontó su vuelo
á otro palomar.



Linda tortolita
que yo la crié,
se juntó con otra,
se voló y se fué.



Avecita blanca
de piquito azul,
¡nunca ví en paloma
tanta ingratitud!

Tal vez la amorosa chinita no ha podido resistir con vida los rigores de la ausencia y su espíritu vaga en las regiones etéreas de lo desconocido. Entonces la quejumbrosa guitarrilla ó charango, tristemente puntiado por la mano del que sufre,

  1. Tórtola.