cadores de los tesoros de Huascar, que no aciertan á encontrar el sitio en donde están ocultas tantas riquezas, como las que se perdieron.
En una esquina alta de la roca, vése un agujero que sale por el lado opuesto.
Los naturales dicen que esos son los ojos de la piedra, y que por allí lloró sangre cuando se cansó y no pudo subir la cuesta, siendo traída por más de 20,000 indios que la arrastraban, valiéndose de grandes cuerdas.
Dicen también que una gran parte de la gente, tiraba de las maromas delanteras, mientras que otros la sujetaban por medio de cuerdas á fin de que no rodase cuesta abajo y fuese á parar donde no pudiesen sacarla.
En una cuesta empinada ocurrió durante la marcha, que los que la sostenían del lado izquierdo no tiraron lo bastante, venciendo el peso de la peña á la fuerza de los que la arrastraban, y soltándose cuesta abajo, mató más de 3,000 indios, que estaban en la falda del lado derecho. Sin embargo de esa desgracia, siguieron forcejeando con la roca los súbditos del Inca, hasta dejarla en el sitio en que se encuentra actualmente, donde llora por haber sido abandonada y no llegar á formar parte de la muralla del gran edificio.
Los vientos depositan en los agujeros de la roca el polvo rojo de que está compuesto el terreno de la inmediación; y cuando después de las lluvias, chorrea el agua depositada en las cavidades superiores, toman las goteras un color rojizo.
Cuando afirman los naturales que la piedra se cansó y que no pudo llegar, atribuyen proba-