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Página:Leyendas de los indios quichuas (IA leyendasdelosindoliv).pdf/83

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el águila agorera

Pechuta contestó: «Gran señor, hijo del Sol y protector de pobres; un antiguo oráculo tenido por verídico por nuestros antepasados, anunció que pasados tantos Incas como los que en vos se cuentan, habían de venir gentes estrañas, jamás vistas, las que dominarían el reino y destruirían nuestros Dioses.»

Afectóse más el soberano de lo que hasta entonces estaba, y resolvió dejar á su heredero Huascar en el reino del Cozco retirándose él acompañado de Atahualpa, su hijo habido en la princesa de Quitu á aquella ciudad donde debía dejarlo gobernando ese reino después de su muerte. Pero allí tampoco lo abandonaron los malos augurios y grandes cataclismos, temblores, terremotos, cometas y símbolos estraños, ocurrieron en los cuatro elementos, llenando á todos de asombro y de temor. Entre estos símbolos ocurrió que en una noche clara, apareció la luna rodeada por tres círculos muy grandes; el primero era color de sangre, el segundo oscuro tirando á verde y el tercero parecía formado de humo.

Un adivino llamado Llayca fué el primero que vió aquello y consultando con Pechuta sobre el estraño caso, resolvieron decir á Huaina Capac lo que aquello auguraba y así, presentándose al Inca le hablaron de esta manera:

«¡Solo señor! Sabrás que tu madre la luna, como madre piadosa te avisa que Pachacamac, creador y sustentador del mundo, amenaza á tu sangre real y á tu imperio con grandes plagas que ha de enviar sobre los tuyos, porque aquel primer cerco de color sangre, significa que después que hayas