ido á descansar con tu padre el Sol, habrá cruel guerra entre tus descendientes y mucho derramamiento de sangre real, de manera, que en pocos años se acabará toda.
El segundo cerco negro nos dice, que después de las guerras y mortandad de los tuyos, se destruirá nuestra religión y república y ocurrirá la enagenación de tu Imperio, convirtiéndose todo en humo, como lo demuestra el cerco tercero.»
El Inca oyó aquello impresionado, mas por no demostrar flaqueza, ordenó á los magos que se alejaran, diciéndoles que tal vez habían soñado aquella noche, lo que decían era revelación de su madre la Luna y agrególes, porque los suyos no perdiesen el ánimo con tan tristes pronósticos: «Si no me lo dice el mismo Pachacamac no pienso dar crédito á vuestros dichos porque no es de imaginar que el Sol, mi padre, aborrezca tanto su propia sangre, que permita la destrucción de sus hijos.»
Los oráculos empero consideraron que lo que habían vaticinado era lo que se esperaba desde una muy remota antigüedad y que venían comprobando las novedades y prodigios que cada día ocurrían y que aumentaban con la noticia del navío cargado de gente nunca vista, que andaba por las costas. Los agoreros de todas las provincias consultaban también sobre estos puntos á sus ídolos favoritos y el Inca no olvidó consultar por medio de enviados al Diablo Rimac que era un ídolo de piedra tenido en gran veneración por los naturales á causa de que contestaba á las preguntas que se le hacía.