Rimac en este caso usó de política y astucia pues si bien no se animó á anunciar al Inca cosa buena, tampoco auguró los grandes males vaticinados por otros y por los Amautas.
Una tarde que Huayna Capac salía del baño sintió que un frío estraño se apoderaba de todo su cuerpo, sobreviniéndole más tarde la fiebre y los temblores que caracterizan la enfermedad llamada Chucchu, por los naturales.
El Inca comprendió que se llegaba el fin de su existencia, y reuniendo á sus parientes y á la corte toda, hizo su testamento augurando la próxima llegada de gentes nuevas no conocidas en sus tierras y que ganarían y sujetarían, no solamente su imperio, sinó muchos otros.
«Nuestro padre el Sol, dijo el Inca al morir, nos ha anunciado que después de doce reyes de nuestra familia, vendrán esos hombres que en todo os harán ventaja y se harán señores de nuestro Imperio. Yo os mando que les obedezcais, pues su ley será mejor que la nuestra y sus armas poderosas, invencibles para vosotros.
Pocos años hubo que esperar para que los Amautas que sobrevivieron á Atahualpa y á Huascar, viesen cumplidas todas aquellas profecías y así que veían un águila ó un Cuntur cernirse en las alturas, recordaban y repetían el caso que ocurrió á Huayna Capac cuando celebró en el Cozco las últimas fiestas al Dios Sol.