Parece que estas magas curaban las enfermedades de los ojos y propalaban una superstición á propósito de las palpitaciones de los párpados, superstición que más tarde llegó á ser una creencia, hasta para los mismos Incas.
Era buen agüero palpitar el párpado alto del ojo izquierdo, pero era mucho mejor si palpitaba el mismo párpado del ojo derecho, aquello auguraba que se verían cosas felicísimas y ocurrirían prosperidades, habría placeres y descanso mayor que todos los imaginables. Si al contrario eran los párpados bajos los que palpitaban, el derecho significaba llanto y habían de sobrevenir cosas que diesen pena, enfermedades y dolores. Si palpitaba el párpado bajo izquierdo ya era extremo de males los que sobrevendrían pues anunciaba infinidad de lágrimas, desdichas y cosas tristísimas.
En este caso había otra superstición tan ridícula como la del mal agüero y que servía para conjurar los males, consistiendo en una papita mojada con saliva, que la maga pegaba sobre el mismo párpado bajo izquierdo. La paja impedía que corriesen las lágrimas y deshacía el mal pronóstico, pero era indispensable que fuese colocada por las propias manos de la maga de las serpientes.
