
l Quichua es supersticioso en todo los actos de su vida, su espíritu está bajo esa influencia dominadora cuando come, cuando duerme, cuando trabaja ó cuando viaja.
En los interminables caminos de las montañas se encuentra en las alturas una especie de mojones de piedra blanca, ó pequeños promontorios de guijarros superpuestos: esos son los altares que el caminante indígena levanta á Pachacamac, espíritu invisible y superior que rige el mundo.
Los mojones están situados á la distancia de dos ó tres leguas unos de otros y el chasqui ó correo indio á quien los Incas colmaban de favores por la ventaja de sus piés que nunca se cansan, detiene su marcha y se inclina reverente al llegar á esos sitios y diciendo en alta voz Pachacamac-Pac, arroja al montón de piedras el acullico ó bocado de coca, que ha venido gustando en su camino.
La invocación que hace el indio al inclinarse y levantar los brazos quiere decir: «Ofrenda á Pachacamac, para vigorizar á nuestra madre la tierra, que es la que nos sustenta.»