LOS ÚLTIMOS MOMENTOS
DE
DON PABLO IGLESIAS
¡Desdichado amigo! ¡Apenas empezaba á disfrutar de las delicias de tu trato, cuando la suerte enemiga te arrebató de mis brazos para ir á perecer en un suplicio! Las lágrimas que brotan de mis ojos son un testimonio del dolor que tu pérdida me causa. Pero no me satisface un estéril é infructuoso sentimiento, si no comunico al Universo entero la heroica muerte del hombre mas digno de vivir. ¡Ah! si es dado conocer en ese mundo las intenciones y proyectos de los hombres, aprecia mi dolor y aprueba mis ideas. Si, en la Jerusalen celestial, donde esperabas confundir á tus perseguidores , gózate con la eterna memoria de los buenos , y con que á los ingratos se les hará conocer el precio de tus virtudes.
Encargaste tu honor y tu familia. Yo me declaro abogado de aquel , y sumiso servidor de los preceptos de esta. Mas ¿por qué recomiendas tu honor? ¿Qué hay tachable en tu vida? ¿Las.tristes circunstancias menguaron acaso el digno concepto que haldas adquirido? j Ay de mí! Yo te adoraba, y tu desgraciada muerte, levantando el velo, hace mas amarga mi pérdida por lo mayormente grande y virtuoso que