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APUNTES ETNOLOGICOS

indeterminada de perfeccionamientos, alega haber vistoen Fueguía (Tierra del Fuego) hombres peludos, que aún les quedaba parte de la cola. [1]

Qué estos, dice Darwin [2] agarran a los malogrados náufragos, que tuvieron las desdicha de caer en sus playas, y después de haberse cruelmente divertido en hacerles sufrir tormentos indecibles, los descuartizan, los asan sobre brazos ardientes y se los comen. Esto, dijo él, sin tener otra prueba que la de una joven fueguina, la que afirmaba, según dijo él, que en caso de carestía, la viejas venían sacrificadas y comidas. Estas fábulas de Antropofagismo, fueron escritas y creídas como verdades de fé. Y qué consecuencia!


ANECDOTA


En 1887 habiendo también sido náufrago del vapor Magallanes, no en las costas de la Fueguía, sino en la Patagonia; en el Mercurio, vapor, que enviado por el Gobierno, había venido a recogernos, después de treinta y seis días de espera, en Puerto Deseado, para llevarnos cada uno a su destino, podíamos verla y ponderar la enormidad de esta cruel creencia de Antropofagismo fueguino. Pasado a Río Gallegos para dejar algunos de los Náufragos, tocado Punta Arenas de Magallanes, para la provisión de víveres frescos, y seguido por los canales de la Magdalena y de Breknok, hasta Ushuaia, Capital de la Tierra del Fuego, para dejar allí al Gobernador de ese Territorio, salimos por el lado Este del canal de Beagle, para recorrer luego la Isla de los Estados y llevar provisiones a aquel Presidio.

Pues bien al enfrentar la Punta S. Antonio de esa Isla, se nos presentaron a la vista grandes humaredas en dicha Punta, como señal, que se nos hacía, de socorro. En consecuencia paró el vapor, y destacado un bote salva-vidas, el Capitán mandó a ver allí lo que ocurría.

¡Qué horrible a decirse! Aún ahora, después de tantos años, se me estremecen los miembros al pensarlo. Llegados allí después de titánicos esfuerzos, rugía estruendosamente la mar, rompiéndose furiosamente sus olas al chocarse entre esas rocas y peñascos, que cuales centinelas avanzadas, guardan y privan acercarse a esa Isla. Pero en fin, esos audaces, verdaderos lobos de mar, vencieron esas resistencias y llegados cerca de esa playa, uno a uno, amarrándolos pudieron embarcar a unos veinte y tres individuos, de los cuales algunos habían naufragado allí mismo, estrellándose contra esas peñas su pobre barco; mas otros habían naufragado en Cabo S. Diego, Punta extrema E. de la Tierra del Fuego. estos, que eran Noruegos, apenas pudieron reponerse del susto sufrido y tuvieron comodidad de reflexionar y conocieron ser las costas fueguinas, las que pisaban, se estremecieron de espanto al recordar lo que habían leido en relaciones de viajeros, sobre los habitantes de la Tierra del Fuego, es decir, que eran bárbaros y caníbales: los acometió un miedo espantoso de ser atacados por esos, en el momento menos pensado. Así que puestos en la alternativa, o de ser devorados por esos salvajes, o tragados por las embravecidas olas, y por otro lado teniendo conocimiento de la estación de salvatajes, puesta a la extrema punta Noreste de la Isla de los Estados, que tenían en frente, aunque ya fatigados y mal trechos, mas no rendidos, confiados de encontrar socorro, después de calmada algún poco la mar, optaron por esta.

Por tanto volvieron a embarcarse sobre el único bote, que les había quedad y mediante ciclópeos esfuerzos, vencido el Canal de La Maire, ganaron la Punta de San Antonio de la Isla de los Estados. Vistos allí levantarse unos humos, a poca distancia unos de otros, cobraron ánimo, y, cuidando de evitar los escollos, de que está sembrada esa playa, vira y derriba, por fin, se arrimaron y ganaron tierra.

Mas ¿cuál no fué su maravilla, cuando en esos individuo, en que esperaban hallar sus salvadores, no encontraron que otros infelices, náufragos ellos también!?

Pero como la compasión para con sus semejantes es una virtud innata en el corazón humano, si otra cosa no puede, alivia cuando menos y hasta aminora las humanas dolencias; así al verse y encontrarse afectos de la misma desgracia, se consolaron, compadeciéndose

  1. Yo los he visto a esos coludos, sorprendiéndolos en un viaje de vuelta de Río Grande a San Sebastían, los que descubiertos, se dieron a piernas sueltas, mostrándome, corriendo contra el viento, las colas de la piel de guanaco con que se tapaban... Qué ridiculez!!
  2. Darwin.— Viaje de un naturalista. — recordado por el teniente Giácomo Bove. Spedizione Italo-Argentina alla Terra del Fuoco.— 1882.