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Página:Los bufones (IA losbufones1885).pdf/10

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VI
Prólogo

monótona. Desde Esopo, que puede pasar por el primer bufón, hasta los farsantes y gesteros del Directorio, hay una serie de reidores de profesión que se tomaban el trabajo de divertir á sus contemporáneos, ó tenían la obligación pagada de hacer reir á sus malhumorados señores. Algunos tuvieron miras más altas y desempeñaron un papel más noble prevaliéndose de la impunidad asegurada á sus chistes para hacer oir amargas verdades á los poderosos del día, ó, aunque más rara vez, para llevar á los piés del trono un buen consejo ó las quejas de los oprimidos. Con su derecho de poder decirlo todo, derecho de que usaban y abusaban, los bufones de corte fueron á veces como las bocinas de la verdad. Bajo una forma burlesca ó cinica, la verdad llegaba así á los oídos del amo y señor á quien de otra manera no hubiera llegado nunca. La leyenda se ha apoderado del nombre de algunos bufones para engrandecerlos y ensalzarlos exageradamente. Algunos, como Triboulet, han tenido la fortuna de dar con un grande escritor y han pasado á la posteridad como en alas del genio. Es casi superfluo añadir, por ejemplo, que el personaje creado por la imaginación del poeta en el Rey se divierte, no tiene nada que ver con el Triboulet de la historia. Los bufones no fueron nunca en verdad justicieros de la talla del héroe de este drama. Pero basta que de vez en cuando hayan abogado por la causa del buen sentido ó de la justicia para que la historia registre sus nombres con algún interés. Así, en la rápida revista, demasiado rápida á