nunca falta algún gusano dañino, algún bicho de cesto, que quiera medrar a costa de la salud del árbol, y a ése, el patrón lo toma con cuidado, lo coloca en el suelo y lo tritura con los pies, murmurando palabras que bien pudieran decirse de ritual: Tomá, gaucho! ¡tomá, pa que aprendás !...
Don Panchito, que ha mandado a Bibiano a buscar una herramienta, observa pensativo las evoluciones de su padre, y se siente molesto.
¡Oh! lo tiene tan sabido que una mirada sola le basta para conocer el estado de su espíritu.
—El viejo está furioso, está estrilado. Pero ¿por qué? ¿y contra quién?
Don Panchito bien lo sabe, está seguro de conocer los motivos de aquella cólera, pero se esfuerza por engañarse, en la intranquilidad de su conciencia.
—Toda la vida lo mismo—murmura ;—siempre igual, queriendo asustarlo a uno con paradas fallutas... Si está enojado conmigo ¿por qué no me lo dice?
En ese momento oye un rumor de galope que le hace volver la cabeza, y ve a Sandalio que se acerca en un lobuno grandote. Viene todo roñoso, con la bombacha arremangada a media pierna y salpicado de barro hasta la espalda.
Don Pancho, apoyado en el alambre supe-