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—¿Por qué no pasa a la cocina, amigo?
¡Pase!
—Ahorita voy...
—¿Quién es ese guaso?—pregunta don Panchito al alejárse.
—Ni sé—responde su primo;—debe de ser algún forastero.
—¿Un forastero? ¡y ni siquiera se levanta para hablarte !
Eduardito se encoge de hombros y sonríe.
—¡ Bah! ¿qué querés? ¿Quién se fija en esas cosas?
Es una insolencia! ¡ A mí me la había de hacer, gaucho roñoso! ¡ le rompo el alma!
Y ambos entran en la cocina, en aquella cocina obscura y llena de gente, donde el escribiente de policía ensaya en la guitarra, y en donde son recibidos con una ruidosa explosión de aplauSOS.