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agua y de viento, hubiese sucedido esa desgracia?
—Naturalmente apoya don Panchito.—Es que esos gauchos son muy desconsiderados y muy animales.
—Muy haraganes, le diré, joven, muy haraganes... En cuanto tienen a uno a quien mandar, ya no son capaces de nada. Aquí lo estoy viendo todos los días. ¿Por qué no vino ayer? suelo preguntarle a algún chico. «No vine, señorita, le diré, porque se me hizo tarde» me contesta. ¿Y por qué se le hizo tarde?» «Porque mi tata, le diré, me tuvo ocupado, señorita».
¿En qué?» «En caminarle el parejero, le diré, señorita». Otros no vendrán, indudablemente, porque los padres los precisan... Hay muchos pobres, le diré, que necesitan de veras que sus hijos los ayuden en sus trabajos; pero, para caminar el parejero», le diré, ¡ hágame el favor!
La pava enorme y renegrida hierve sobre el fuego de duraznillos, y la expansión del vapor hace danzar la tapa de hojalata con un repiqueteo continuo y sordo.La mujer del zapatero echa una mirada de interrogación a la maestra, y ésta pregunta a su vez a don Panchito: —Usted no tomará mate ¿verdad? ¿Podemos hacer te, si gusta?
—No, señorita, mate no más... Mate, como todo el mundo.