—¿Qué hay?—pregunta la puestera sorprendida.
— Nada! ¿Ese Mosca... ande está?
— Oh! está en el galpón. ¡ Pierda cuidao!
Ese no se mete con nadies. Es un infeliz, el pobre...
Eulogio se ha quedado inmóvil en medio de la cocina, y se rasca la cabeza por debajo del sombrero.
—Ah, doña Rosa!—exclama de repente.— Quería preguntarle una cosa... ¿Es verdad que ustedes tienen pensao dirse del pago pronto?
—¿Nosotros? ¡ De ande!
i Y al decir esto, la puestera abre sus ojos sorprendidos.
El replica entonces: —Me habían dicho... Parece que su marido se acordó el otro día en San Luis de que andaba mal con el patrón, y de que quería arreglar sus cuentas pa dirse después pal lao de la Pampa, creo..i —¡ Sí, ya! ¡ En seguidita no más! ¡ Disparates, absurdos, don Ulogio! Ya sabe lo que es mi marido... el pobre habla porque tiene lengua.
¡Qué v'a dirse! ¡ No se va nada!
i —Si ya me lo había maliciao; se m'hizo qu'eran macanas del hombre. Estaría caliente por algún disgusto con el patrón y...
Ella lo interrumpe con viveza: —¡Qué! ¡Es que es un infeliz el pobre ! ¡ Se