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Página:Los caranchos de Florida (1916).djvu/272

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—¿Usted?

—Sí, yo, don Panchito.

—Pero ¿por qué? ¡ Dígame!

Y el joven se aproxima a la moza todo lo que puede.

Marcelina baja los ojos.

—Ellos dicen... dicen que yo lo ando buscando a usted... que yo soy una loca... que yo...

Marcelina se ha puesto lívida, tiene un nudo en la garganta. Don Panchito no sabe qué decir.

—¿Que usted, que usted...?

—Sí, ellos dicen que yo me creo que usted me quiere, pero que usted no me quiere nada. Que yo soy una sonsa y una bruta, y que se lo van a decir al patrón pa que me mate a rebencaZOS...

Don Panchito respira ruidosamente y se alza en los estribos.

Marcelina prosigue con voz ronca: —Aura no quieren que yo hable con usted...

Ni quieren que vaya más a la escuela por eso; porque dicen que usted no me quiere, porque no puede quererme, porque soy una bruta, una bruta, una bruta...

Y la moza, cuya voz se ha ido atiplando cada vez más, se desploma de bruces sobre el borrén de la silla, estallando en convulsivos sollozos.

Don Panchito hace girar su caballo como si