—Don Mosca...
—¿Eh?
—¿Quiere hacerme un favor, un favor muy grande?
Mosca la mira curiosamente sin contestar, y alarga mucho el pescuezo.
—Marcelina ¿qué hacés ?—grita la madre, ya encaramada en el carro y entre el montón de los bultos.
—¡Ya voy, mama!
Y la chica, con la voz temblorosa por la emoción que la embarga, agrega apresurada: —Sí, don Mosca, don Mosquita, sea bueno, por Dios, por su madre... Mire, esta noche—y a la vez que habla saca del saco una carta,esta noche va a venir aquí don Panchito & sabe?... el hijo del patrón; y yo no voy a estar... Así que hágame el favor de dársela, de dársela cuando venga, por favor...
—i Marcelina!
— Voy, mama, voy!
Mosca no dice una palabra, y mira la carta con sus ojazos negros asombrados; pero la mozarepite, sacudiéndolo por los hombros en una especie de caricia frenética: —¡Por Dios, no se olvide! ¡ por favor se lo pido, sea buenito, don Mosca !
Y echa a correr luego hacia el carro, que apenas la recibe cuando arranca bruscamente, en-