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Página:Los caranchos de Florida (1916).djvu/301

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tre un rudo batanear de patas y un coro de ladridos...

El patrón detiene su caballo junto al pozo, allí precisamente donde el carro, al moverse, ha trazado dos surcos profundos en el piso.

La luna enorme, amarilla, asoma ya por encima del fachinal lejano y alarga las siluetas de sombra sobre el patio. El patrón, desmontando, dice a Cosme: —Fijate, a ver si la puerta está bien cerrada.

El gaucho, llevando el caballo por el cabestro, avanza entonces, y dice después de tantearla con cuidado: —Sí, parece que sí han cambiao la cerradura.

—: —Bueno; vení, cinchame el caballo.

Y mientras el gaucho se aplica a la tarea, don Pancho se pone a armar un cigarrillo. Tiene el rebenque colgado del meñique, y la cara, que inclina sobre el pecho, oculta bajo el ala de un gran sombrero blanco.

—Están balando las nutrias—dice el gaucho, por decir algo.—Mañana va a llover...

Pero el patrón no lo escucha, atento el oído al traquear del carro que aun se oye, perdido en la penumbra de los bajos.

Un perro ladra muy cerca.