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Página:Los caranchos de Florida (1916).djvu/82

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VI

Don Panchito comprende, por fin, que se ha extraviado; el agua continúa cayendo mansa, mansa y monótona, y la noche es tan negra que el joven no alcanza a verse las manos.

¿Qué hora podrá ser? ¡Hace tanto tiempo ya que comenzó la tormenta! ¡ hace tanto que vaga bajo la lluvia, empapado y tiritando de frío! Don Panchito teme que el caballo se meta en un cangrejal, y por eso lo detiene una vez más, allí, en el campo raso y con el agua hasta las ranillas.

Los relámpagos de viento se suceden uno tras otro; pero son tan breves, tan fugaces, que los ojos del joven carecen del tiempo necesario para fijar la visión, y sólo alcanzan a ver una llanura interminable de un amarillo casi blanco..

A don Panchito le parece que la tranquera de la estancia debe estar a la derecha, pero en vano ha marchado en esa dirección: el alambrado ha desaparecido o, por lo menos, él no lo encuentra. Fiarse del caballo sería una tontería en aquel