Página:Los ladrones de Londres.djvu/12

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en una sucursal de la casa donde veinte ó treinta jóvenes, infractores de la ley sobre la mendicidad, se revolcaban todo el día sin riesgo de ser incomodados por el exceso de alimento ó por la estrechez de vestidos. La direccion de esta sucursal estaba confiada á los desvelos del todo maternales de una vieja que recibia á los jóvenes culpables á razon de O 75 c. por semana, cada uno.

Quince sueldos por semana, por el alimento de un niño forman todavia una suma demasiado redonda. Se pueden procurar muchas dulzuras con 15 sueldos, las suficientes al menos para sobre cargar el estomago hasta caer enfermo. La vieja en cuestión sabia muy bien lo que convenía á los niños, y aun mas lo que le convenia á ella misma; de consiguiente, se apropiaba para su uso propio la parte mayor de sus reditos semanales y sometia á la generacion creciente de los pobres de la parroquia á una pitanza, todavia mas flaca que la que se les daba por buena parroquialmente; encontrando por este medio en el abismo del cálculo mas profundo, un abismo mas profundo todavia, y dando prueba de vastos conocimientos en la filosofia experimental cuya práctica llevaba tan lejos.

Todo el mundo sabe la historia de ese filósofo experimental que habiendo encontrado el medio de hacer vivir un caballo sin darle de comer, hizo el ensayo con el suyo llevándole hasta no comer mas que una hebra de paja por dia, y del que sin duda hubiera hecho el animal mas ligero y vivaracho no dándole absolutamente nada, si la pobre bestia no hubiese tenido la humorada de morirse cabalmente veinte y cuatro horas antes de recibir su primer pienso de aire puro.

Por desgracia de la filosofia experimental de la vieja de los tiernos cuidados á quien fué confiado Oliverio Twist, un resultado semejante acompañaba ordinariamente á su sistema de operacion; porque desde el momento en que un niño habia llegado al punto de poder existir con la mas minima racion del mas flaco alimento posible, sucedia por una de estas fatalidades