liberales; de rancias costumbres consagradas por el tiem¬ po. Los muchas
empleados,
que
vienen á constituir la nobleza, son
gente de arraigo en el país, y otras proce¬ den de Rusia. Estos vienen directamente de las capitales, veces
seducidos por el buen sueldo, cede para gastos de viaje y
el gran viático que se con¬ otras esperanzas no menos
tentadoras que creen advertir en espectativa. Los que saben resolver el problema de la vida, permanecen en Siberia y se fijan definitivamente en ella. Los magníficos resultados que obtienen les indemnizan por completo; en cuanto á los que no saben resolver tal problema, por ser
ligeros de
cascos, se
aburren
muy
pronto
y
á sí mismos
preguntan por qué se les ocurrió tal aventura. Esperan con impaciencia que transcurran los tres años de su per¬ se
de SibeNo hay que alabarles el gusto, porque no sólo es muy ligero el servicio oficial, sino que se goza de muchas otras ventajas. El clima es excelente; los comerciantes son ricos y hospi¬ talarios; abundan los europeos acomodados. En cuanto á las jóvenes parecen capullos de rosa; su moralidad es irre¬ prochable. La caza abunda, y con sólo empuñar un arma se mata cuanto se quiere. Se bebe mucho champagne, el caviar es de primera calidad; las tierras, muy feraces, lle¬ gan á dar quince por uno. En una palabra; es una tierra bendita que hay que saber aprovechar ¡y que, por regla manencia y piden la vuelta á Rusia y abominan ria y se burlan de sus costumbres y habitantes.
general,
se
aprovecha!
esas ciudades pequeñas, alegres y contentas de sí mismas, de cuyos amables habitantes guardaré re¬ cuerdo imperecedero, hallé á un desterrado, Alejandro
En
una
de
Petrovitch
Goriantchikov, exhidalgo y propietario ruso. trabajos forzados de segunda clase por haber asesinado á su mujer. Después de cumplir su condena—diez años—vivía de un modo sosegado y sin Estaba condenado á
llamar la atención de nadie, en la ciudad de K... Á decir verdad estaba avecindado en una de las aldeas inmedia-