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Página:Los trabajos de Persiles y Sigismunda - Tomo II (1920).pdf/186

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mia, y que se había de disputar en ella si podía haber amor sin celos.

—Sí puede—dijo Periandro—; y, para probar esta verdad, no es menester gastar mucho tiempo.

—Yo—replicó Auristela—no sé qué es amor, aunque sé lo que es querer bien.

A lo que dijo Belarminia:

—No entiendo ese modo de hablar ni la diferencia que hay entre amor y querer bien.

—Esta—replicó Auristela—: querer bien puede ser sin causa vehemente que os mueva la voluntad, como se puede querer a una criada que os sirve o a una estatua o pintura que bien os parece o que mucho os agrada; y éstas no dan celos, ni los pueden dar; pero aquello que dicen que se llama amor, que es una vehemente pasión del ánimo, como dicen, ya que no de celos, puede dar temores que lleguen a quitar la vida, del cual temor a mí me parece que no puede estar libre el amor en ninguna manera.

—Mucho has dicho, señora—respondió Periandro—; porque no hay ningún amante que esté en posesión de la cosa amada, que no tema el perderla; no hay ventura tan firme, que tal vez no dé vaivenes; no hay clavo tan fuerte, que pueda detener la rueda de la Fortuna; y si el deseo que nos lleva a acabar presto nuestro camino no lo estorbara, quizá mostrara yo hoy en la Academia que puede haber amor sin celos, pero no sin temores.

Cesó esta plática; estuvieron cuatro días en Mi-