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bién que, si la sin par Auristela pone aldas en cinta, y quiere tomar a su cargo nuestra libertad, que le será fácil, porque ¿qué pedirá su grande hermosura que no lo alcance, aunque la pida a la dureza misma? Y añade más, y es que, si vuesas mercedes no pudieren alcanzar el perdón, a lo menos, procuren alcanzar el lugar de la muerte, y que, como ha de ser en Roma, sea en España; porque está informada la moza que aquí no llevan los ahorcados con la autoridad conveniente, porque van a pie, y apenas los vee nadie; y así, apenas hay quien les rece una avemaría, especialmente si son españoles los que ahorcan; y ella querría, si fuese posible, morir en su tierra y entre los suyos, donde no faltaría algún pariente que de compasión le cerrase los ojos. Yo también digo lo mismo, porque soy amigo de acomodarme a la razón, porque estoy tan mohino en esta cárcel, que, a trueco de excusar la pesadumbre que me dan las chinches en ella, tomaría por buen partido que me sacasen a ahorcar mañana. Y advierto a vuesa merced, señor mío, que los jueces desta tierra no desdicen nada de los de España: todos son corteses y amigos de dar y recebir cosas justas, y que, cuando no hay parte que solicite la justicia, no dejan de llegarse a la misericordia, la cual, si reina en todos los valerosos pechos de vuesas mercedes, que sí debe de reinar, sujeto hay en nosotros en que se muestre, pues estamos en tierra ajena, presos en la cárcel, comidos de chinches y de otros animales inmundos, que son mu-