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Página:Los trabajos de Persiles y Sigismunda - Tomo II (1920).pdf/284

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mino, hijo de la reina Eustoquia, cuyo padre no ha muchos meses que pasó désta a mejor vida, el cual dejó dos hijos, que el uno es Maximino, que te he dicho, que es el heredero del reino, y el otro un generoso mozo llamado Persiles, rico de los bienes de la naturaleza sobre todo extremo y querido de su madre sobre todo encarecimiento; y no sé yo con cuál poderte encarecer las virtudes deste Persiles, y así, quédense en su punto, que no será bien que con mi corto ingenio las menoscabe; que, puesto que el amor que le tengo por haber sido su ayo y criádole desde niño, me pudiera llevar a decir mucho, todavía será mejor callar por no quedar corto.

Esto escuchaba Periandro, y luego cayó en la cuenta que el que le alababa no podía ser otro que Serafido, un ayo suyo, y que asimismo el que le escuchaba era Rutilio, según la voz y las palabras que de cuando en cuando respondía. Si se admiró o no, a la buena consideración lo dejo; y más cuando Serafido, que era el mismo que había imaginado Periandro, oyó que dijo:

—Eusebia, reina de Frislanda, tenía dos hijas de extremada hermosura, principalmente la mayor, llamada Sigismunda, que la menor, llamada Eusebia, como su madre, donde naturaleza cifró toda la hermosura que por todas las partes de la tierra tiene repartida, a la cual, no sé yo con qué disignio, tomando ocasión de que la querían hacer guerra ciertos enemigos suyos, la envió a Tile, en poder de Eustoquia, para que, segura-