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Página:Lydia y Francisco Columna. Dos cuentos (1923).pdf/12

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¿Lydia?—volvió a contestar Lugón, ahora con cierto desdén, bien porque cayera en la cuenta de que iba a meterse en un círculo vicioso o porque tuviese un deseo recóndito de excitar mi curiosidad. Lydia, señor, es la mujer de Jorge.

—Perfectamente!—grité conteniendo mi impaciencia. Pero esta Lydia y este Jorge, que tanto te interesan, ¡no podré yo saber de una vez quiénes son, ni por qué tienen la dicha de interesarte?fic —Lydia y Jorge?—dijo acercando su cabalgadura a la mía y apoyando una mano en mi silla—..

¡Una historia!

—Vaya por la historia, ya que nada mejor tengo que hacer que escucharla.

Y pusimos los caballos al paso.

Lugón el Chico» meditó un momento, se acarició la frente con los dedos cual si de tal modo ordenara sus recuerdos, levantó después la cabeza y comenzó así: Jorge y Lydia eran marido y mujer, como acabo de decir, y nunca se vió matrimonio mejor dotado de todas las cosas, porque nadie hubo más hermoso que Jorge, si no es Lydia, ni nadie mejor que Lydia, si no fué Jorge. Dicen que no andaban sobrados de dinero cuando vinieron a este país, hará como cuatro o cinco años, porque fueron a parar a casa de la madre Zurich, que entonces vivía en una humilde choza allá arriba, junto a aquellas viñas. Podría enseñaros la choza, aunque la oculta el follaje, pero ello no conduciría a nada, puesto que la cedió a unos vecinos más pobres que