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Página:Lydia y Francisco Columna. Dos cuentos (1923).pdf/47

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la muerte. Esta es, querida Lydia, la historia de la humanidad. Estos males serían harto grandes si Dios no nos hubiera dejado la Fe para confiar en sus promesas, la Esperanza para aguardarle, la Caridad para amarle, las tres virtudes que la sabiduría de los santos llamó teologales en la lengua de los griegos, porque en ellas se encierra o contiene toda la ciencia de Dios. Creer, esperar y amar es la verdadera ley del cristiano, y cuando éste cumple tales condiciones en la primera vida de prueba se hace digno de la otra. Si ahora me preguntas por qué la revelación, que es la expresión misma de la verdad eterna, no esclareció estas tinieblas, me será fácil satisfacer tu deseo. La revelación no les fué oto.gada ni a seres de una naturaleza superior a la del hombre ni tampoco a los hombres, obstinados en el pecado de la ciencia, que persistían en investigar la razón de las cosas a pesar de la expresa prohibición de Dios, y que renovaban de este modo el pecado original de la raza.

La revelación les fué otorgada a los simples de espíritu y de corazón, que creían porque sentían y no porque sabían. La vida sería una prueba fácil y aun gozosa si el testimonio de nuestros sentidos nos demostrase que la vida no es mas que una prueba, y que lo futuro nos recompensaría de lo presente si lo presente no estuviera cerrado. Además, la revelación llegó a nosotros en forma humana, y el hombre no pudo recibirla sino por los órganos que tiene. La verdad que se nos ha dado es la verdad general que pueden percibir nuestros órga-