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Página:Lydia y Francisco Columna. Dos cuentos (1923).pdf/57

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Lugón miróme fíjamente entre triste y sorprendido, porque no había olvidado sus antiguas prevenciones, y si las hubiera olvidado, lo que le dije se las recordaría.

—La vieja repuso—había vivido bastante.

¡Pero Lydia era aún tan joven y tan bella!

—¡No la llores, amigo mío! ¡Lydia está ahora libre de sus dolores! ¡Lydia goza ahora, sin intervalos y sin ensueños, la felicidad con que soñaba!

Lugón me miró de nuevo.

—Dios es grande!—dijo.

FIN DE LYDIA opp