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Página:Lydia y Francisco Columna. Dos cuentos (1923).pdf/71

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suyas de belleza, que consideraba las lenguas modernas cual jergas rústicas o como corrupciones más o menos bárbaras útiles no más que para interpretar las necesidades materiales de la vida, mas insuficientes para lograr una expresión elocuente y poética de las ideas y de los sentimientos.

Y de ello vino a resultar que construyó para su uso intimo una lengua en la que el toscano entraba con ciertas formas sintácticas y las disonancias más suaves y que en lo demás antes recordaba a los homeridas, a Tito Livio y a Lucano, que a Boccacio y a Petrarca. Aquella rareza de su espíritu, propia de un carácter original, destinado, según las apariencias, a dejar huellas hondas en su tiempo, aisló a Francesco de los demás mortales.

Teníasele por un visionario melancólico, poseído de las ilusiones del genio e insensible a las dulzuras de la vida de relación. No obstante, algunas veces aparecía en el palacio de la ilustre Leonora Pisani, heredera, a los veintiocho años, de la fortuna más cuantiosa que se conociera en la república de Venecia, y con esta dama estaba su prima Polia, hija única del último Polia de Treviso; porque se ha de advertir que la espléndida mansión de Leonora venía a ser por aquellos días un santuario de las artes y de la poesía, y que aquella musa atraía a los talentos de la época. Se notó que Francesco acudía con frecuencia al palacio, siempre soñador y cada vez más triste; que después hizo más raras las visitas, hasta que no volvió a parecer.

Polia de los Poli, de quien acabamos de hablar,