Ir al contenido

Página:Lydia y Francisco Columna. Dos cuentos (1923).pdf/80

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
78
 

emitir un juicio; pero me parece que si la mujer que os inspiró tales resoluciones no las ignora, cual yo las ignoraba, no es merecedora de tal sacrificio.

—Las ignora respondió Francesco, porque ignora que la amo. ¡Oh, sin duda mi corazón gozaría de inefables consuelos si ella conociese mi amor, y no fuese tan insensible a él que no le otorgase el re uerdo de la compasión! De todas las torturas del amor, la más cruel acaso es que este sentimiento no sea conocido del ser al cual se ama; de todos los sentimientos, esta indiferencia que le hace a uno como un extraño es la más temible y la más penosa. Mas ¿por qué llevar a un corazón tranquilo y dichoso dolores que apenas puede uno soportar?

O, como supongo, mi pasión sería rechazada, y entonces, ¿qué habría yo logrado saliendo de la triste duda? O bien era compartida, y yo habría de sufrir por los dos. ¿Qué digo sufrir por los dos? Mi desesperación es mía, es mi vida, puesto que encontré fuerzas para vivir desesperado; la de ella me habría matado.

Os excedéis en las suposiciones, Francesco —dijo vivamente Polia. ¿Quién sabe si ella no sufre iguales penas y las mismas angustias que vos?

¿Quién sabe si no anhela podéroslo decir? ¿Qué diríais si esa joven noble y rica, cuyos resplandores os ciegan, pero cuya alma acaso no esté más serena que la vuestra; qué diríais, repito, si, libre, viniese a ofreceros su mano, si, sumisa a un poder respetable e inflexible, os la prometiera?

—Lo que yo diría, Polia?—contestó Francesco