PRÓLOGO
En trescientos años de dominación española, la producción poética en castellano de Filipinas no tiene punto de comparación, en número y calidad, durante igual período, con las de Cuba y Puerto Rico. No es calculer al modo de que habla Valera. Quedan incluídos todos los da minores en tal estimación. ¿Acusa ello carencia de genio poético en nuestra raza?
De ninguna manera. Unánime es la opinión de cuantos sobre Filipinas han escrito respecto de nuestra disposición congénita para la música, que vione a ser una modalidad de la poesía. Abundan en lengua vernácula versos de fácil rima y bellos conceptos. Los que hayan asistido a nuestros «duplos», que son verdaderos torneos literarios, habrán visto con qué prontitud y agudeza so enzarzan, lo mismo hombres que mujeres, en disputas casi teológicas, sostenidas rigurosamente en verso. Hay mejor prueba de nuestra capacidad, poética quo esos akundimanes y cantos de mar—sabiamente estudiados por nuestro compatriota D. Epifanio de los Santos y Cristóbal—, en los que el alma popular ha cristalizado sentimientos e ideas de subido valor poético?