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y búsqueda de consensos, que permitan dar curso a las reformas legales que mejoren los mecanismos de financiamiento y solidaridad de las Isapres.

En lo relativo a infraestructura hospitalaria y de salud primaria, quiero reiterar nuestro compromiso con la construcción de al menos 10 nuevos hospitales y 56 nuevos consultorios, recurriendo al mecanismo de concesiones para la construcción y gestión de la infraestructura y el equipamiento de centros. La gestión clínica, o “de blanco”, se mantendrá en manos del Estado, pero también será modernizada. Asimismo, haremos una exhaustiva evaluación y rediseño de los hospitales autogestionados y los centros experimentales, a fin de corregir las múltiples deficiencias que hemos detectado.

Respecto de la gestión hospitalaria, necesitamos resolver con urgencia las vacancias y faltas de postulantes capacitados a los cargos directivos de hospitales y especialidades médicas, especialmente en recintos de mediana complejidad.

Finalmente, estamos elaborando un nuevo proyecto de Objetivos Sanitarios para la década 2010–2020, cuyo foco estará en la prevención de enfermedades, y el fomento a hábitos de vida más sanos.

Erradicar la extrema pobreza antes de 2014 y la pobreza antes de 2018 y terminar con las desigualdades excesivas

Compatriotas, sabemos que, al inicio del siglo XXI, son más de dos millones las chilenas y chilenos que aún viven en condición de pobreza y medio millón de ellos, en situación de indigencia. Además, otros dos millones de personas de clase media viven con la angustia constante de perder su trabajo, enfermarse o llegar a la vejez, porque ello les puede significar caer en la pobreza.

Pero también sabemos que la brecha de la pobreza, esto es, el porcentaje del ingreso nacional que tendríamos que transferir a esas dos millones de personas, que viven bajo la línea de pobreza, para lograr que superen esa condición, es menos del 1% del producto nacional. Y por lo tanto, a diferencia de otros países latinoamericanos, donde esas cifras superan el 50% e incluso el 100% de su ingreso nacional y dependen, en consecuencia, fundamentalmente de la ayuda internacional, en nuestro país derrotar la pobreza es una meta absolutamente posible de alcanzar para esta generación y en esta década.

Y si es posible, nada ni nadie debieran desviarnos de esa tarea.

En primer lugar se trata de un imperativo moral.