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el germen de nuestra debilidad. Para enfrentar estos tiempos, necesitamos más que nunca la unidad entre gobierno y oposición, entre sector público y privado, entre trabajadores y empresarios y entre el Estado y sociedad civil.

Unidad que no significa confundir roles ni renunciar a valores, principios o convicciones. Significa simplemente no olvidar que, más allá de nuestras legítimas diferencias, existe una causa y misión más noble que nos une: hacer grande a Chile y facilitar los caminos hacia una sociedad de oportunidades, seguridades y valores, que nos facilite la búsqueda de la felicidad. Y nunca olvidar que compartimos un profundo amor por Chile y somos hijos del mismo Dios.

Compatriotas, además de tiempos históricos y de adversidad, hoy vivimos también tiempos de oportunidades y futuro. Nunca antes en nuestros 200 años de vida independiente, habíamos estado tan preparados para conquistar el desarrollo, derrotar la pobreza y crear una sociedad de auténticas oportunidades, verdaderas seguridades y sólidos valores.

Una sociedad de auténticas oportunidades significa que todos puedan, con su talento y esfuerzo, lograr su realización personal. Una sociedad de verdaderas seguridades para todos significa que si alguien tropieza o cae, no quedará solo y abandonado. Una mano solidaria lo ayudará a ponerse de pie y volver a caminar por sus propios medios. Una sociedad de sólidos valores significa respetar y proteger la vida, su dignidad y los derechos humanos; no discriminar a nadie por su origen étnico, situación económica, apariencia física, opción religiosa o preferencia sexual. Significa también respetar y promover la familia, la naturaleza, la honestidad, la justicia, la fraternidad y la paz.

Ante estos desafíos debemos recordar las palabras del Papa Juan Pablo II, cuando en su visita a Chile se refirió a las causas morales de la prosperidad afirmando que “ellas residen en una constelación de virtudes: la libertad de emprender, el orden, la honestidad, la iniciativa, la austeridad, el espíritu de servicio, el cumplimiento de la palabra empeñada, la audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho”.

Es verdad que en los últimos años Chile ha progresado, y mucho. Hoy somos un ejemplo para América Latina en muchos sentidos, y todos podemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado.

Pero también es cierto que estamos recién a mitad de camino hacia el desarrollo. Necesitamos apurar el tranco, porque aún nos falta un buen trecho para llegar a la cima. Y si bien, la segunda mitad del ascenso es siempre la más difícil, puedo asegurarles que es también la más hermosa.

Nuestro desafío es probablemente el más audaz y ambicioso que Gobierno alguno haya planteado ante el Congreso Pleno: nos proponemos que, al culminar esta década,