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Amigas y amigos: El futuro está golpeando nuestras puertas y ese futuro es generoso con los que lo abrazan e indiferente con los que lo dejan pasar. El tiempo es ahora. Esta es una encrucijada histórica y ética. Levantemos la vista para ver qué hay más allá del horizonte, desplacemos los límites de lo posible y abracemos ahora la aventura del futuro, que es la aventura de la libertad, el progreso, la justicia y la paz.

Chilenas y chilenos, en los días siguientes al terremoto y maremoto, hemos visto a nuestro pueblo, literalmente, levantarse de las ruinas.

Conocimos las historias de muchos héroes anónimos que arriesgaron, e incluso perdieron sus vidas, por salvar la de otros compatriotas. Vimos la labor abnegada y solidaria de nuestras Fuerzas Armadas y de Orden, que cambiaron el fusil y la metralleta por la pala y el martillo. Vimos movilizarse a miles de voluntarios e instituciones de la sociedad civil, como Un Techo para Chile, el Hogar de Cristo, la Cruz Roja, el cuerpo de Bomberos y tantas otras. Vimos el compromiso de trabajadores y empresarios. De artistas y deportistas. De gendarmes e internos. De profesores y alumnos. De médicos y enfermeras. De funcionarios públicos y municipales. De senadores, diputados, alcaldes y concejales, de todos los signos políticos. A todos ellos, y a muchos más, los vimos trabajando hombro con hombro, junto al Gobierno de Chile, para aliviar el dolor de las víctimas y reconstruir, no sólo las viviendas, escuelas y hospitales destruidos, sino también el alma y el espíritu de nuestro pueblo.

El mismo día del terremoto, luego de recorrer personalmente las zonas más afectadas, convoqué al futuro gabinete. Aun conmovidos por la tragedia, tuvimos nuestra primera reunión para planificar cómo enfrentaríamos la catástrofe. En los días que siguieron, trabajamos incansablemente en terreno, con la gente, y también en La Moneda, para presentar al país un completo plan que nos permitiera abordar la emergencia y reconstrucción.

Este plan, que dimos a conocer siete días después de haber asumido, contempló tres objetivos, de distinta naturaleza y plazos, pero simultáneos en su inicio.

El primero consistió en abordar la emergencia ciudadana inmediata. Acompañar a las familias en el doloroso proceso de dar sepultura sus muertos, auxiliar a los heridos y agotar los esfuerzos para encontrar a los compatriotas desaparecidos. Restablecimos el orden público y garantizamos el abastecimiento de servicios básicos como el agua potable, electricidad y alimentos. Esta emergencia inmediata la logramos superar a fines de marzo, cuando levantamos los estados de excepción constitucional que regían en 3 regiones de Chile.

Pero la emergencia no ha terminado. Nuestro segundo objetivo es enfrentar la emergencia del invierno en materia de viviendas, educación, salud e infraestructura. Este desafío es una angustiante carrera contra el tiempo, el frío, las lluvias y las enfermedades.