no podia aceptar semejante sacrificio. Si un sacrificio se hace á mi edad, es para afrontar los peligros con los hijos de la patria, pero no para ir á morir en una cárcel.
»Porque, nobles señores jurados, perdonen ustedes ai no me expreso bien; pero la vida del presidio para quien se siente honrado, es una de las muertes más terribles.
Hubo contra mi implacables perseguidores, la justiciaque se cegó, enemigos viles, mi propia naturaleza.
Pero, ustedes, nobilísimos jurados, pueden preguntarme: ¿La naturaleza te hizo un mata cristianos?
»No: la naturaleza me hizo un corazón noble y una sangre generosísima. Recuerdo mis días de angustia en la celda de la cárcel de Gerace Marina. ¡Ah! Quisiera volar aquella oelda si me llevaran de nuevo alli. He sido tan infeliz, tan desdichado!
Pero, desde entonces, el corazón noble y la sangre generosa no me sirvieron para nada. La naturaleza se apo deró de mí. Desde entonces mi historia no fué más que un sueño...
Y ahora tengo que contar á ustedes uno que tuve en aquella celda, Estaba casi loco. Recordaba los días transcurridos como envueltos en una nube. No contestaba & los compañeros que me hablaban porque no les ofa.
Quedé por largo tiempo en estado cataléptico, hasta tal extremo, que se me condujo á una cámara mortuoria; al despertarme, pensé: «Puedo vivir pocos meses más.» Quería morir; me sentía morir.
»Era por Navidad. La familia me mandó un paquete de dulces. Me negué á comerlos y los distribui entre los condenados. Mi compañero Surace me dijo: «Pepito, no te pongas triste; come tú también, distraete, hazlo por el niño que ha nacido estos días.—¿Qué niño?—le pregunté, También yo fuí un niño inocente, añadi, y ahora soy un miserable».
» En aquella noche de Navidad soñé... Presidente: ¿usted permite que cuente otro sueño?