jar. Tampoco este testigo se acuerda de nada. Sólo recuerda que en aquella época se notaba en las montañas un continuo ir y venir de gendarmes.
Añade que poco después vió al citado forastero hablar con Carmelo, oyó luego un grito lanzado por éste y le vió caer al suelo mortalmente herido. Scappelletti repite la versión del testigo anterior, ó sea, que del fusil de Carmelo se apoderó Musolino.
El testigo Jorge Cotroneo era guardia municipal en San Roberto; pero no recuerda nada de nada y acaba ratificándose en su declaración que figura en el sumario.
Presidente. Y sin embargo, debe usted de saber muchas cosas que ahora se niega á decir.
Testigo. No, señor presidente. Lo único que sé es que un día el sargento de gendarmes me dió el encargo de procurarle un joven esbelto que pudiese ser un buen guardia ; y un buen confidente para facilitar la captura de Musolino. Le indiqué á Carmelo d'Agostino. Lo noche en que Musolino penetró en el pajar de los d'Agostino, Carmelo me mandó á decir que Musolino estaba allí y que lo comunicase al sargento. En vista de eso, yo, el sargento del Pozzo y el gendarme Bruzzese salimos á su encuentro; llegados á cierto punto, el sargento mandó á un individuo que se adelantase con objeto de averiguar si realmente se hallaba Musolino en el pajar. Poco después estaba de vuelta el emisario, diciéndonos que Musolino había dado muerte á d'Agostino y desaparecido luego.
El testigo Antonio del Pozzo, sargento de gendarmes, dice que Musolino había ido en busca de d'Agostino con el propósito deliberado de matarle.
Presidente. —¿Por qué motivo?
Testigo. Porque le orefa en buenas relaciones con la fuerza pública. Musolino no conocía á D'Agostino y pidió informes de él á diestro y siniestro. Apenas cometido el delito, hice muchas averiguaciones, y me pude persuadir Musolino—11