Presidente. Pues bien: diga usted por qué le expulsaron á usted del cuerpo.
Testigo. Porque sufri un castigo.
Musolino. Sí, sí; éste es uno de aquellos testigos que vienen aquí tan solo á decir mentiras. ¿Quién ignora que Basile pegaba á los viejos?
Testigo. No es verdad.
Presidente (á Musolino).—Querrá usted decir que les perseguía.
Musolino. No, no; señor presidente: les pegaba. ¡Llegó á pegar á mi madrel Créame usted á mí, excelentísimo señor: créanme ustedes, nobles señores jurados: los testigos como éste vienen aqui á jurar que dirán mentiras, nada más que mentiras (Grandes risas).
Entra otro gendarme, Carlos Zitelli.
Empieza contando las primeras proezas de Musolino, y dice que éste por la ménor tonteria echaba mano al puñal.
Añade que su carácter es pendenciero y turbulento.
Musolino. Hablas de este modo porque te hice correr en grande por las montañas inútilmente (Risas).
Presidente. Musolino: guarde usted el debido respeto á los testigos.
El testigo se extiendo luego sobre el bandolerismo de Musolino.
Presidente. ¿Faé usted con Basile á indagar lo que había ocurrido cuando el homicidio frustrado de Zoccoli?
Testigo. Si, señor. Entonces fué cuando buscando en torno de la casa de Zoccoli encontramos el fusil de Musolino.
Musolino. Sabes bien la lección!
Hermite. Ha dicho el testigo que en otra ocasión registró la casa de Musolino. ¿Sabria decir en dónde vió entonces colgado el fusil que pretende haber visto después al lado de casa de Zoccoli?
El testigo no recuerda nada respecto á este particular y son inútiles cuantos esfuerzos hacen el presidente y los '