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Página:Musolino. Su vida y su proceso. 1902.pdf/280

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i Musolino. Pero déjeme usted hablar, señor; ¿no ve usted que ahora no tengo abogados siquiera?

Un jurado. Las heridas que se infirieron á Musolino en la riña con Zoccoli fueron de gravedad?

Testigo. Si señor: la de la mano me pareció gravisima.

Hácense otras preguntas al testigo, pero éste dice no saber ó no recordar más.

Musolino (excitado).— Ruego á usted, señor presidente, que le haga hablar; este testigo no quiere decir todo lo que sabe: , hágale hablar.

El fiscal (Sansone). ¿Oyó usted á Musolino, la noche del 27, proferir amenazas contra Zoccoli?

Testigo. No, señor, no of nada.

El presidente quiere despachar al testigo, pero Musolino se, opone.

Presidente. No es usted quien debe decidir acerca de si el interrogatorio de un testigo ha terminado ó no. Es cosa de sus abogados.

Musolino. Pero mi abogado soy yol Los defensores Dal Poggetto y Baracchini piden que no se marche Priolo.

Entra Vicente Abenavoli, á quien se pregunta sobre el encuentro de la cueva Mingioja y repite detalles ya conocidos. Dice lo que le contó el agente de O. P. Saccá, que estuvo en el encuentro.

—Sacca—dice el testigo—me confió que después del encuentro los agentes de seguridad pretendían presentar un traje de uno de ellos, que ellos mismos habían acribillado á balazos, para hacer ver que había sido obra de los tiros de Musolino, pero renunciaron á ello porque le pareció muy burdo.

Baracchini (á Musolino).—Permite usted que despachemos á este testigo?

Musolino.—Cuando no hablo quiere decir que lo pueden ustedes despachar.