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Página:Musolino. Su vida y su proceso. 1902.pdf/353

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to. Este empieza á hablar en medio del silencio general, diciendo que a pesar de sus 83 años aceptó el grave encargo de la defensa de Musolino, para dar satisfacción al natural sentimiento del deber y porque se le ofreció que le ayudarían en semejante tarea dos notables letrados.

Hoy implora la indulgencia del presidente y de los jurados.

Entrando en el fondo de la causa, entiende que para Musolino no debe pedirse la eximente, pero si la dis." minución de responsabilidad.

«El morbo epiléptico, dice, le ha conducido á come ter delitos nefandos, atroces, inhumanos.» Afirma luego que el bandido por causa de esa enferdad mezclada con el torbellino de las pasiones, no es completamente responsable.

La idea fija de la injusta condena le trastornó y le movió contra Crea y Roque Zoccoli testigos falsos, y por lo tanto causa principal de su desgracia.» El letrado vuelve á tocar las circunstancias que acompañaron y siguieron á los hechos que hicieron condenar á Musolino á 21 años de reclusión, y lo hace con un calor y una energía verdaderamente sorprendentes.

Hace de estos hechos largo y minucioso examen para demostrar que no es infundada la inocencia proclamada por Musolino; inocencia que brota de las grandes contradicciones de los acusadores y de la declaración del delegado Mangione.

«El indicio del reconocimiento de la voz del que disparó contra Zoccoli carece de fundamento y es peligrosísimo. » A este objeto evoca el letrado un recuerdo personal re.

lativo al célebre proceso contra Bárbara Donati, acusada de complicidad en el asesinato de su marido. Una tal Morandini afirmaba haber oído la voz de la Donati en el acto de cometerse el delito y simultáneamente echar el cerrojo de su casa para hacer entrar ó salir al asesino.