cieron , las campanas volvieron a repicar y las detonacio .nes comenzaron.
Era el último día de la fiesta , era verdaderamente la fiesta misma. Se esperaba ver mucho más que el día anterior . Los hermanos de la V. O. T. eran más numerosos que los del Santísimo Rosario, y los cofrades sonreían piadosamente, seguros de humillar á sus rivales. Habían comprado mayor número de velas: los chinos cereros hicieron su agosto , y en agradecimiento pensaban bautizarse, por más que algunos aseguraban que no era fe en el catolicismo, sino por el deseo de tomar mujer. Pero á esto respondían las piadosas mujeres:
- Aunque así fuera, el casarse tantos chinos a la vez no dejaría de ser un milagro , y ya les convertirían sus esposas
La gente se puso los mejores trajes; salieron de sus cajitas todas las alhajas. Los tahures y los jugadores mismos lucieron camisas bordadas con botones de gruesos brillantes , pesadas cadenas de oro y blancos sombreros de jipijapa. Sólo el viejo filósofo seguía como siempre : la camisa de sinamay [1] con rayas obscuras, abotonada hasta el cuello, zapatos holgados y ancho sombrero de fieltro color de ceniza.
- ¡Está usted hoy más triste que nunca!- le dijo el teniente mayor; - ¿no quiere usted que nos alegremos de vez en cuando, puesto que tenemos mucho que llorar?
-¡Alegrarse no quiere decir cometer locuras! - contesto el viejo.- ¡Es la insensata orgia de todos los años! Y todo ¿por qué? Malgastar el dinero cuando hay tantas miserias y necesidades! ¡Ya lo entiendo , es la orgía, es la bacanal para apagar las lamentaciones de todos!
—Ya sabe usted que participo de su opinión,—repuso don Filipo, medio serio medio sonriendo.—La he defendido, pero ¿qué podía hacer contra el gobernadorcillo y el cura?
—¡Dimitir!—contestó el filósofo y se alejó.
Don Filipo se quedó perplejo, siguiendo con la vista al anciano.
—¡Dimitir!—murmuraba dirigiéndose á la iglesia,—¡di
- ↑ Tela fabricada con el filamento de una variedad del abacá, llamada albay