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Página:Noli me tángere (1903).pdf/207

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pestañeo particular dió á entender que no se olvidaría de él en sus oraciones; después una mirada de satisfacción al P. Sibyla y otra de desdén al P. Manuel Martin, el predicador de ayer. Concluída esta revista, volviose disimuladamente al compañero diciéndole: «¡Atención, hermano!» Éste abrió el cuaderno.

Pero el sermón merece capítulo aparte. Un joven que entonces aprendía la taquigrafía y que idolatra á los grandes oradores, lo estenografió ; gracias a esto podemos traer aquí un trozo de la oratoria sagrada de aquellas regiones.


XXXI

EL SERMON

Fray Dámaso empezó lentamente, pronunciando á media voz:

« Et spiritum tuum bonum dedisti, qui doceret eos, et manna tuum non prohibuisti ab ore eorum, et aquam dedisti eis in siti .»

« ¡Y les diste tu espíritu bueno para que los enseñase y no quitáste tu maná de su boca y les diste agua en su sed ! »

« Palabras que dijo el Señor por boca de Esdras, libro II, cap . IX , vers . 20. »

El P. Sibyla miró sorprendido al predicador; el P. Manuel Martín palideció y se tragó saliva; aquello era mejor que el suyo.

Sea que el P. Dámaso lo notara ó estuviese aún ronco, es el caso que tosió varias veces poniendo ambas manos sobre el aptepecho de la santa tribuna. El Espíritu Santo estaba sobre su cabeza, acabado de pintar: blanco, limpio, con las patitas y el pico color de rosa.

«Excelentísimo Señor (al alcalde), virtuosísimos sacerdotes, cristianos, hermanos en Jesucristo!»

Aquí hizo solemne pausa, paseando de nuevo sus miradas por el auditorio, cuya atención y recogimiento le llenaron de satisfacción.

La primera parte del sermón debía ser en castellano y la otra en tagalo: loquebantur omnes linguas [1] .

Después de los vocativos y de la pausa, extendió majes.


  1. Hablarán todas las lenguas