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Página:Noli me tángere (1903).pdf/357

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—Incendio! ¡Incendio! ¡Fuego!-gritaron todos.

Todos se precipitan para salvar cada cual lo que pueda, pero el fuego ha llegado al pequeño laboratorio y estallan las materias inflamables. Los guardias civiles tienen que retroceder ; les cierra el paso el incendio, que brama y barre cuanto encuentra. En vano se saca agua del pozo; todos gritan, todos piden auxilio, pero están aislados. El fuego gana los demás aposentos y se eleva al cielo levantando gruesos espirales de humo. Ya toda la casa es presa de las llamas, el viento, caldeado, arrecia; vienen desde lejos algunos campesinos, pero llegan para ver la espantosa hoguera, el fin de aquel viejo edificio, tanto tiempo respetado por los elementos.


LVI

LO QUE SE DICE Y LO QUE SE CREE

Dios amaneció al fin para el aterrorizado pueblo.

La calle donde se encuentra el cuartel y el tribunal continúa aún desierta y solitaria; las casas no dan signos de vida. No obstante, se abre con estrépito la hoja de madera de una ventana y se asoma una cabeza infantil, que gira en todos sentidos, alarga el cuello y mira en todas direcciones... ¡Plas! el ruido anuncia el brusco contacto de un cuerpo curtido con el fresco cuero humano; la boca del niño hace una mueca, sus ojos se cierran, desaparece, у la ventana se vuelve á cerrar

El ejemplo está dado; aquel abrir y cerrar se ha oído sin duda, porque otra ventana se abre despacito y asómase con cautela la cabeza de una vieja, arrugada y sin dientes: es la misma hermana Putê que tanto alboroto armó mientras el padre Dámaso predicaba. Niños y viejas son los representantes de la curiosidad en la tierra: los primeros por el afán de saber, las segundas por el de recordar.

Sin duda no hay quien se atreva a darle un chinelazo, pues permanece allí, mira á lo lejos frunciendo las cejas, se enjuaga la boca, escupe con ruido y después se persigna. La casa de enfrente abre también tímidamente una ventanilla y da paso á hermana Rufa, la que no quiere engañar ni que le engañen. Ambas se miran un momento, sonríen, se hacen señas y vuelven á persignarse.