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Página:Noli me tángere (1903).pdf/392

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—No he venido á pedirte cuenta de tus actos... he venido para darte la tranquilidad.

—No quiero esa tranquilidad que me regalas; ¡la tranquilidad me la daré yo misma! ¡Tú me desprecias, y tu desprecio me hará amarga hasta la muerte!

Ibarra vió la desesperación y el dolor de la pobre mujer, y le preguntó qué deseaba.

—¡Que creas que te he amado siempre!

Crisóstomo sonrió con amargura .

—¡Ah! tú dudas de mi, dudas de la amiga de tu infancia, que jamás te ha ocultado un solo pensamiento!—exclamó con dolor la joven.—¡Te comprendo! Cuando sepas mi historia, la triste historia que me revelaron durante mi enfermedad, te compadecerás de mí y no tendrás esa sonrisa para mi dolor. ¿Por qué no has dejado que me muriese en manos de mi ignorante médico? ¡Tú y yo habríamos sido más felices!

María Clara descansó un momento y continuo:

-¡Tú lo has querido, tú has dudado de mí , que mi madre me perdone! En una de las dolorosas noches de mis padecimientos, un hombre me reveló el nombre de mi verdadero padre, y me prohibió tu amor... ¡á no ser que mi padre mismo te perdonara el agravio que le has inferido!

Ibarra retrocedió y miró espantado a la joven.

—Sí,—continuó ella;—el hombre me dijo que no podía permitir nuestra unión, pues su conciencia se lo prohibiría, y se ver a obligado a publicarlo, à riesgo de causar un gran escándalo, porque mi padre es...

Y murmuro al oído del joven un nombre en voz tan baja , que sólo él lo oyó.

—¿Qué iba yo a hacer? ¿Debía yo sacrificar à mi amor la memoria de mi madre, el honor de mi padre falso у el buen nombre del verdadero? ¿Podía hacerlo sin que tú mismo me despreciaras?

—Pero ¿pruebas , te dió pruebas? ¡Tú necesitabas pruebas!—exclamo Crisóstomo convulso .

La joven sacó de su seno dos papeles.

—¡Dos cartas de mi madre, dos cartas escritas en medio de sus remordimientos, cuando me llevaba en sus entrañas! Toma, léelas, y verás cómo ella me maldice у desea mi muerte... ¡mi muerte que en vano procuro mi padre con medicinas! Estas cartas las dejó él olvidadas en un