La loca dejó la plaza y se llegó delante de la casa del nuevo alférez. Ahora como antes hay un centinela en la puerta , y una cabeza de mujer se asoma á la la ventana, pero no es la Medusa, es una joven: alférez y desgraciado no son sinónimos.
Sisa empezó a cantar delante de la casa, mirando á la luna, que se mecía majestuosa en el cielo azul entre nubes de oro . Basilio la veía y no se atrevía á acercarse, esperando quizás que abandone el sitio; andaba de un lado á otro, pero evitando aproximarse al cuartel.
La joven que estaba en la ventana escuchaba atenta el canto de la loca, y mandó al centinela que le hiciese subir.
Sisa, al ver acercarse al soldado y oír su voz, llena de terror, echóse á correr, y sabe Dios como corre una loca. Basilio sigue detrás de ella, y temiendo perderla, corre y olvida los dolores de sus pies.
-Mirad como ese muchacho persigue á la local - exclamaba indignada una criada que estaba en la calle.
Y viendo que la seguía persiguiendo, cogió una piedra y la lanzó contra él diciendo:
-¡Toma! ¡qué lástima que esté atado el perro!
Basilio sintió un golpe en su cabeza, pero continuó corriendo sin hacer caso. Los perros le ladraban , los gansos graznaban, unas ventanas se abrían para dar paso á un curioso; cerrábanse otras temiéndose otra noche de alborotos.
Llegaron fuera del pueblo. Sisa empezó a moderar su carrera; gran distancia la separaba de su perseguidor.
-¡Madre!-le gritó cuando la distinguió.
La loca, apenas oyó la voz , comenzó de nuevo à huir.
-¡Madre, soy yo! -gritó el muchacho desesperado.
La loca no oía, el hijo seguía jadeante. Los sembrados hablan pasado y estaban ya cerca del bosque.
Basilio vió a su madre entrar en él y entró también. Las matas, los arbustos, los espinosos juncos y las raíces salientes de los árboles impedían la carrera de ambos. El hijo seguía la silueta de su madre, alumbrada de cuando en cuando por los rayos de la luna, penetrando al través de los claros y las ramas. Era el misterioso bosque de la familia de Ibarra.
El muchacho tropezó varias veces cayendo, pero se le