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JOSÉ RIZAL

dezas! La culpa no la tenéis vosotros, sino quien os consiente que vayáis á Europa á pervertiros y á aprender disparates. No son vuestros cerebros los más á propósito para comprender la cultura europea. Empieza por cegaros y concluye por trastornar vuestros débiles cacumenes. Afortunadamente estamos nosotros aquí para volveros á la razón, ó en caso contrario sujetaros con una camisa de fuerza.

 Ibarra quedóse sin saber qué decir: los demás, sorprendidos, guardaron también silencio y se miraron unos á otros, temiendo un escándalo.

 —Como ya estamos concluyendo de cenar, no me extraño que su reverencia se encuentre un poco ebrio—iba á contestar el joven, pero se contuvo sólo dijo lo siguiente:

 —Señores, no se extrañen de la familiaridad con que me trata mi antiguo cura: ¡así me trataba cuando niño! Para su reverencia en vano pasan los años; yo se lo agradezco, porque sus palabras autoritarias me recuerdan al vivo aquellos días felices de mi infancia, en que fray Dámaso frecuentaba la casa de mi padre y comía los mejores manjares de su mesa.

 El dominico miró furtivamente al franciscano, que se había puesto tembloroso y tenía los ojos inyectados. Ibarra, impasible, le lanzó una mirada de desprecio, y continuó levantándose:

 —Con el permiso de ustedes voy á retirarme. Mañana mismo debo partir para mi pueblo, y tengo que evacuar antes algunos asuntos. Antes, señores, he de levantar mi copa por que Dios ilumine á España y haga dichosas á las islas Filipinas.

 Y apuró una copita, que hasta entonces no había tocado. El viejo teniente le imitó, asintiendo con la cabeza á gus palabras.